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La bibliotecaria

Una vez la bibliotecaria de mi colegio me contó que en un pequeño pueblecillo de Granada, cierto día, llamó a la puerta un señor delgado alto y muy, muy sofocado escondiéndose del ejército, pues en esa época había ciertos libros que estaban totalmente prohibidos y este señor estaba leyéndose uno de estos libros.

El padre de esta chica le acogió encantado pero el ejército le siguió hasta aquel pueblo. Como no sabían a qué casa había entrado, decidieron entrar a todas las casas asegurándose de que no había nadie. Cuando el padre de mi bibliotecaria se enteró de que el ejército estaba entrando en todas las casas decidió esconderle en una cueva pues como él era pastor sabía dónde había una. Le llevó hasta el campo y le escondió. El ejército al ver que no estaba en ninguna casa decidió buscar en el campo. Vieron al padre de mi bibliotecaria en frente de una cueva y le preguntaron si había algo en la cueva. El padre le dijo que solo había cabras pero los soldados no se lo creyeron con lo cual decidieron entrar a revisar todo. En el tiempo en el que el padre estaba hablando con los soldados, el señor había escapado por una rendija que había en la cueva con lo cual no le pillaron.

Al cabo de dos o tres meses recibieron una carta del señor diciendo que le daba las gracias por haberle escondido, que si no lo hubiera hecho ahora mismo estaría muerto. El señor estaba en Francia y había formado ya su propia familia. Cada año enviaba una caja a mi bibliotecaria llena de juguetes, comida y muchas, muchas cosas más. Mi bibliotecaria me contó que no habían vuelto a saber nada más de él desde el año 1975.

CARMEN OCHOA, 2º de la ESO

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