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VIOLENCIA, MEMORIA COLECTIVA Y PAZ POSITIVA: EL PROYECTO HEBRAS DE PAZ VIVA, por Juan Gutiérrez

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La Universidad del Barrio
VIOLENCIA, MEMORIA COLECTIVA Y PAZ POSITIVA: EL PROYECTO HEBRAS DE PAZ VIVA, por Juan Gutiérrez
17 abr 2016

La memoria tiene una inmensa fuerza educadora a la que constantemente se recurre, canalizándola o bien para que se vierta en la educación para la guerra —proyectando sobre el adversario la “imagen del enemigo”— o bien para una paz de convivencia, que es como se plantea en países con regímenes democráticos, y que en España recoge en su preámbulo la ley de Memoria Histórica del 2007.

Para educar para la paz se recuerdan tiempos y situaciones marcados por la guerra y la violencia, que son presentados como algo rechazable y tratando de mostrar el insondable dolor, pérdida y daño que esos contextos efectivamente han generado. El recurso a la memoria en la educación para la paz y la convivencia se ha centrado en gran medida en el recuerdo de desastres, horrores, sufrimiento, perdida e injusticias flagrantes, que educan para el “nunca más”, un objetivo sin duda necesario y fundamental: toda Europa está sembrada de lugares del recuerdo, como fosas, cementerios, campos de concentración y monumentos a los caídos que testimonian en mayúsculas el horror, el sacrificio y la culpa.

Sin embargo, la memoria así plasmada educa únicamente para una de las dos dimensiones de la paz, que los expertos coinciden en llamar “paz negativa”: la paz del NO a la guerra y a la violencia. Entrelazada de forma inseparable con esa paz del NO, hay no obstante lo que otros expertos —encabezados por Adam Curle, Johan Galtung y J.P. Lederach— llaman “paz positiva”. Esta dimensión de la paz del SI —que responde a necesidades humanas fundamentales— tiene que ver con la convivencia en equidad y el engarce de vidas que se ayudan, sostienen, enriquecen y salvan entre sí, motivadas, no por un cálculo de interés personal, sino por la compasión y el afecto hacia otros seres humanos.

Esa paz positiva hace la vida posible, mantiene al mundo unido, sostiene la historia, es poética, fluye en calma, sabe ser rebelde, se muestra de forma evidente y contamos con ella y la ofrecemos a otros en nuestra vida diaria. Existe también en los tiempos de violencias devastadoras, pero lo hace de modo subyacente, a escondidas de esas violencias.

El repertorio que normalmente entra en juego al construir la memoria colectiva de tiempos y situaciones violentos es como un teclado al que le falta la tecla de los recuerdos hechos con hebras de paz, de manera que la memoria así construida educa para el “nunca más”, para una paz de justicia, pero no para una paz reconciliadora.

La energía educadora de la memoria colectiva puede sin embargo reconducirse para que también eduque para la paz de convivencia en equidad, pues aunque la paz positiva subyace como una red escondida a la violencia, afloran —como hebras de ese tejido que parece roto— algunos engarces que impactan las entrañas de las personas que, en situaciones de necesidad, han recibido ese apoyo y lo atesoran en silencio, transmitiéndolo entre generaciones compartidas en la intimidad del recuerdo familiar. Se trata de hebras que suelen quedar sistemáticamente descartadas en la selección que tiene lugar después, al construirse la memoria colectiva, pero contienen relatos que pueden injertarse en esa memoria colectiva ya formada y reconducir su fuerza educativa.

El arte se vuelve necesario para injertar en las memorias colectivas historias verídicas con hebras de paz. El Gernika de Picasso es el mejor ejemplo de esta dimensión artística que reclama una inversión en creatividad.

Hay ya intentos de este tipo en marcha. El más sobresaliente y conocido tiene lugar precisamente en Jerusalén, en el Yad Washem Museo del Holocausto, donde se ha construido un “Jardín de los Justos entre las Naciones” dedicado a quienes una comisión confiere el título de “justos” por tratarse de no-judíos que arriesgaron sus vidas para salvar a judíos amenazados por la Shoah. Hasta el momento unas 30.000 personas han sido nombradas “justas”, la más famosa de las cuales es Oskar Schindler, mundialmente conocido gracias a la película “La lista de Schindler” de Steven Spielberg.

El “Jardín de los Justos” ha sido replicado en Sarajevo, Milán y otras ciudades europeas, que han creado una red de “Jardines de los Justos del Mundo” ampliando el concepto de justos a cualquier clase de personas que desobedecen las normas o disciplina del propio bando para socorrer por motivos desinteresados a seres humanos amenazados o víctimas de violencia por ser considerados parte del adversario o ajenos a su comunidad. Estos intentos han atraído la atención del Parlamento europeo hasta el punto que en 2012 ha instaurado el 6 de Marzo como “Día europeo de la memoria de los Justos”.

En ese marco hemos creado en Medialab-Prado un grupo de trabajo que desde el 2011 ha asumido la tarea de injertar en las memorias colectivas existentes relatos verídicos que contienen esos actos desinteresaros, insumisos a la disciplina del propio grupo, en socorro y ayuda a seres humanos en peligro por ser considerados parte del enemigo o intrusos indeseados. A esos actos les denominamos “hebras de paz viva”, y entretanto hemos buscado, encontrado, archivado, más de 500 relatos y plasmado varios de ellos gracias al arte en un formato que ayuda a su injerto en la memoria colectiva.

He aquí un ejemplo:

En 1936, ya iniciada la Guerra Civil, un guarda civil recibe la orden de ir a su propio pueblo en la Alcarria a apresar al alcalde, republicano, y traerle al cuartel donde sin duda van a “darle el paseo”. Los guardias civiles van siempre en pareja sobre todo al tratarse de acciones de este tipo. Y el que recibe la orden pide que para hacer algo tan duro como apresar al alcalde pueda tener como pareja a alguien que no conozca el pueblo. Así se hace, y el guarda civil del pueblo, que conoce al alcalde, de nombre Casimiro, y sabe que a esa hora se pasea por la calle principal, sale acompañado de la pareja de guardia civil a su encuentro, y le espeta al alcalde: “Buenos días, Antonio, ¿dónde está el hijo de puta de Casimiro? Vengo a llevarlo preso al cuartel para que pague de una vez por todas por lo que se merece”.

El interpelado se da cuenta y responde: “Casimiro está segando en su prado junto al rio como a media hora de aquí”. La pareja de guardias civiles se encamina en esa dirección, y el Casimiro verdadero gana tiempo para salir huyendo y salvar su vida.

Relato a relato hemos ido comprobando cómo estas narraciones aportan colorido, alegría, picardía, imaginación, poesía y esperanza, a la memoria en que se injertan, con lo que, además de educar para el nunca más, educan para seguir ayudando a la vida de otros con lo mejor de uno mismo. No hablan en favor de un grupo ni de su contrincante, sino de la humanidad con la que desde un grupo se echa una mano salvadora al que está en peligro o necesidad por encontrarse en el grupo enemigo o extraño.

Al injertar esos relatos de actos insumisos que salvan vidas estas historias añaden una tecla nueva al teclado de la memoria colectiva, que cambia toda su melodía. Continua así ésta educando en el nunca más, pero también educa en una convivencia en equidad.

Además, con ese injerto, las hebras de paz viva presentan con toda su crudeza el contexto de violencia en que estas historias afloran, muestran y hacen sentir que bajo esa violencia devastadora siguen discurriendo ocultos los engarces de paz viva que sostienen nuestras vidas. La memoria colectiva que las acoge no queda en absoluto teñida de buenismo, sino que se vuelve más realista, más fiel a la realidad del pasado a que se refiere, que también incluyó situaciones como las que recogen las hebras de paz de vida.

Los relatos siguientes no endulzan el horror, sino que lo muestran con su saña y toda su crudeza:

1.- Medicinas en el Lager

También había saboteadores entre los guardas del Lager. Solo voy a referirme al oficial del último Lager en que estuve y donde fui liberado. Era miembro de las SS. Tras la liberación del Lager se constató lo que hasta entonces sólo conocía el médico del Lager (también prisionero): ese oficial había pagado en secreto de su propio bolsillo cantidades importantes de dinero para comprar en una farmacia vecina medicamentos para prisioneros de su Lager. (Viktor E. Frankl “…trotzdem Ja zum Leben sagen”, DTV München 1982. págs. 135 sig.)

2.- La cueva de dos salidas

Una vez la bibliotecaria de mi colegio me contó que en un pequeño pueblecillo de Granada, cierto día, llamó a la puerta un señor delgado alto y muy, muy sofocado escondiéndose del ejército, pues en esa época había ciertos libros que estaban totalmente prohibidos y este señor estaba leyéndose uno de estos libros. El padre de esta chica le acogió encantado pero el ejército le siguió hasta aquel pueblo. Como no sabían a qué casa había entrado, decidieron entrar a todas las casas asegurándose de que no había nadie. Cuando el padre de mi bibliotecaria se enteró de que el ejército estaba entrando en todas las casas decidió esconderle en una cueva pues como él era pastor sabía dónde había una. Le llevó hasta el campo y le escondió. El ejército al ver que no estaba en ninguna casa decidió buscar en el campo. Vieron al padre de mi bibliotecaria en frente de una cueva y le preguntaron que si había algo en la cueva. El padre le dijo que solo había cabras pero los soldados no se lo creyeron con lo cual decidieron entrar a revisar todo. En el tiempo en el que el padre estaba hablando con los soldados, el señor había escapado por una rendija que había en la cueva con lo cual no le pillaron. Al cabo de dos o tres meses recibieron una carta del señor diciendo que le daba las gracias por haberle escondido, que si no lo hubiera hecho ahora mismo estaría muerto. El señor estaba en Francia y había formado ya su propia familia. Cada año enviaba una caja a mi bibliotecaria llena de juguetes, comida y muchas, muchas cosas más. Mi bibliotecaria me contó que no habían vuelto a saber nada más de él desde el año 1975.

Carmen Ochoa, 11 años. Instituto Becker, Algete, Madrid.

4.- Una buena persona

Cuenta la abuela de un amigo mío, que a su vez se lo contó su madre, que su marido, el bisabuelo de mi amigo, era nacional y un día intentó pasar de territorio rojo a territorio nacional para poder reunirse con su familia. Era bastante arriesgado, ya que tenía que cruzar por donde seguramente habría algún miliciano, que era así como se les llamaba a los soldados rojos. Cuando fue a pasar se encontró con uno de ellos; el miliciano esta armado pero su bisabuelo no. Se quedaron parados sin hacer nada y al cabo de un rato, lo que le pareció a su bisabuelo una eternidad, el miliciano le hizo una seña sin hablar para que continuase con su camino. Y así, gracias a esa buena persona, pudo pasar a zona nacional y reunirse con sus seres queridos.

Michelle Jaramillo 4ºC.

5.-Los fusilaron juntos a los dos

José Mª era un señor del pueblo [de Casillas de Flores, Salamanca] que ayudaba a todo el mundo, en su casa no faltaba un plato de comida independientemente si era nacional o republicano; él era nacional. También había otro señor con menos recursos económicos pero igual de buena persona, este comunista. Los ayudaban al prójimo sin mirar su filiación política. Una noche, no se sabe quién o no se quiso saber, los sacaron de sus casas, los llevaron a las afueras del pueblo y los fusilaron juntos a los dos.

A primera vista las Hebras de Paz parecen un producto de la fantasía, irreales, excepcionales, reservadas exclusivamente para héroes, pero tras una mirada atenta muestran ser experiencias verídicas que tienen lugar en innumerables ocasiones y son realizadas por todo tipo de personas normales que las consideran una forma de comportamiento natural. La razón principal de que no se encuentren es que no se buscan.

Una originalidad del proyecto Hebras de Paz es que se focaliza, no en personas destacadas, como hacen los “jardines”, sino en lo que considera un rasgo común a todos los humanos: la necesidad de reconocerse unos a otros como humanos, más o menos desarrollada o reprimida dependiendo de las personas y las situaciones.

Otro rasgo que lo distingue de los “jardines de los justos” es que los relatos en su mayoría no han sido buscados y recogidos por destacados periodistas o antropólogos, sino por alumnos de institutos, guiados por su profesores, y no relatados por gente ajena sino por los mayores de su confianza, de la propia familia las más de las veces. Eso hace que sean frescos y vitales y que el muchacho o muchacha que los recoge lo haga con la complicidad de su familia.

Las historias de vidas salvadas por hebras de paz producen, añaden color, alegría, inteligencia, imaginación, poesía, ingenio y esperanza a la memoria colectiva en la que son injertadas. Además de educar para el “nunca más”, inspiran y educan en contribuir a la vida de los otros con lo mejor de la nuestra. Las Hebras de Paz no hablan ni a favor ni en contra de nuestro grupo o de su oponente sino que testifican la profunda fuerza de la humanidad común compartidas por ambos.

Dado que las memorias colectivas normalmente dejan de lado las hebras de paz, cuando estas se encuentran parecen algo esporádico, inhabitual, excepcional, heroico y extraño, que solo tiene un valor anecdótico. La principal razón de que se encuentren poco a menudo y de que parezcan algo raro es que no se buscan de manera activa. Una vez que nos ponemos a buscarlas, aparecen en cantidades ingentes, como los objetos viejos abandonados en el desván de una casa: actos de gente normal, ingeniosa, despierta, alentadora. Esto sucede por todo el mundo, porque todos estamos afectados por memorias de tiempos marcados por la violencia devastadora.

Hace un año que el grupo de trabajo “Memoria y Procomún”, con cerca de 30 participantes activos en Medialab-Prado, se ha constituido como Asociación Hebras de Paz Viva. Contamos con una guía orientadora para buscar, recoger, archivar, plasmar en un formato adecuado, presentar en un espacio protegido y hacer públicos relatos verídicos con hebras de paz viva;
con más de 40 relatos con hebras de paz viva recogidos en Medialab-Prado donados por gente de todo tipo relacionada con “Memoria y Procomún”;
con más de 400 relatos con hebras recogidas en cinco institutos de la Comunidad de Madrid y uno del Pais Vasco por alumnos guiados por sus profesores entre mayores de su familia o de su confianza;
con una website —www.hebras de paz.org— actualizada en su versión española y menos extensa en inglés.

Hemos presentado y conversado acerca del Proyecto Hebras de Paz Viva en

2 universidades in Mexico – Tecnológico de Monterrey D.F, y la BUAP de Puebla,

2 centros “Casas/Museos de la Memoria para la Reconciliación” en Medellín and Bogotá Colombia

la Universidad de Alcalá in Madrid y la Autónoma en Barcelona

Jardín mundial de los Justos (GARIWO) en Sarajevo (Bosnia) y Milan (Italia)

Centro Studi Sereno Regis en Turín (Italia)

la Universidad de Bratislava en Polonia

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