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El Moreno

Mi abuelo, Pedro Alcántara Sánchez Arcas, nació en Lorca, una ciudad de Murcia, en el 1930. Sus padres tenían unas tierras en el campo de Lorca y vivían de lo que éstas les rentaba. En aquellos tiempos eran lo que se denominaba “Señoritos”.

Cuando la guerra estalló, mi abuelo tenía 6 años y al acabar, 9. Sus padres votaron a la derecha, aunque Lorca quedó en el bando republicano. En la guerra, vivieron un tiempo en el campo y otro tiempo en Lorca ciudad; en la posguerra volvieron al campo. Aunque mi abuelo era pequeño durante la guerra, se acuerda muy bien de lo que pasó. Por desgracia mi abuelo no está aquí para contarlo pero mi madre y mi abuela, recuerdan con exactitud sus palabras. Mi abuelo solía contar una anécdota, entre lágrimas, que le marcó mucho. Narraba cómo se tuvo que ir de su casa en el campo de Lorca a la ciudad. Mi abuelo lo contaba así:

Una noche, mi madre insistía en que me tomara un vaso de leche antes de ir a la cama. A mí no me apetecía y me negaba a hacerlo pero, en estas, entraron unos hombres armados amenazándonos a todos y echándonos de nuestra casa. A partir de ahí, estuve más de 3 años sin poder volver a tomar leche. Esa noche nos echaron a toda la familia de nuestra casa y uno de nuestros labradores nos acogió. Los milicianos se instalaron en nuestra casa y se adueñaron de nuestras tierra y animales. No teníamos nada para comer. Un día, mi padre vió como uno de estos hombres que nos había robado la casa, se comía una de nuestras naranjas tirándome las cáscaras al suelo para que yo me las comiera. Mi padre no pudo soportar la situación y nos fuimos a una casa que teníamos en la ciudad de Lorca a vivir”.

Durante la guerra, mi abuelo vio como morían muchos vecinos y amigos pero por suerte, ningún familiar directo. Mi abuelo, por su temprana edad, no participó en ninguna batalla, pero

su padre luchó con Franco en la guerra de Marruecos. Cuando la guerra estalló, mi abuelo y todos los estudiantes, dejaron de ir a las escuelas ya que las cerraron. Mi abuelo contaba que pasaron mucha hambre durante la guerra:

“Pasábamos muchísima hambre. En mi casa vivía una criada a la que llamábamos la tía María. Era un miembro más de la familia y la persona más buena que he conocido. Durante la guerra, íba de la mano mi chacha (así la llamaba yo) a buscar comida entre la basura del mercado. La comida que reuníamos era repartida en partes iguales para todos por mi padre, pero la tía María, me quería tanto que me daba siempre su parte a pesar de las represalias que mi padre le daba y ella apenas comía nada.”

Mi abuelo vivió una experiencia muy traumática cuando sufrió un bombardeo en el mercado:

“Yo sufrí un bombardeo mientras estaba en el mercado. Estaba con la tía María cuando ocurrió. Todo el mundo empezó a correr y a huir. Recuerdo mucha sangre y gente muerta a nuestro alrededor. Temblaba de miedo y mi chacha cubría mi cuerpo con el suyo y me decía: “Aguanta, nene, no tengas miedo, que de ésta comemos”. Y así fue, nos llevamos todo la comida que encontramos a nuestro paso y pudimos comer por un tiempo.”

Cuando los aviones sobrevolaban la ciudad mi abuelo contaba que pasaban mucho miedo y se escondían en los sótanos. También vivían con mucho miedo de que la milicia llamara a su puerta. El padre de mi abuelo se tuvo que esconder de los rojos en varias ocasiones.

A mi bisabuelo, siendo de derechas, le salvó dos veces de la muerte uno de los cabecillas republicanos de Lorca:

“En Lorca, había un hombre muy conocido al que llamaban “El Moreno”. Llevaba un cajón que se colgaba al cuello mediante una correa con las cosas que vendía: cigarrillos, caramelos, palos de regaliz, etc. En algunas ocasiones mi padre se apenaba de verlo pasar frío en la calle y sufrir de hambre, entonces lo llamaba y le proponía jugarse todo lo que llevaba en su cajón a la carta más alta. Siempre se las arreglaba para perder y entonces le daba al Moreno dinero y un plato de comida caliente.

Cuando estalló la guerra, el Moreno se convirtió en unos de los cabecillas del lado rojo. En una ocasión que se encontró con la tía María le dijo: Si alguna vez don Cristobal -mi padre- se encuentra en peligro ven a buscarme. En dos ocasiones tuvimos que pedir su ayuda. Sucedió que los rojos, se presentaron en mi casa para llevarse a mi padre que no había cometido mayor delito que provenir de una familia adinerada y “llamarse señorito”. Sus intenciones eran darle el paseíllo (sacarlo a las afueras del pueblo y matarlo). La tía María me cogía de la mano y salíamos corriendo a buscar al Moreno y esté, dejaba todo y se iba a buscar donde estaba mi padre encerrado. Al verlo decía: “A esté, me lo llevo yo”. Ninguno de sus compañeros se atrevía a oponérsele. El Moreno, nunca se olvidó de los favores que mi padre le hizo y yo nunca podré olvidar su cara cuando traía a mi padre de vuelta a casa y nos decía: “Aquí tenéis a vuestro padre, dejar de llorar y que se esconda por algún tiempo” “Después de la guerra mi padre quiso enterarse que había sido de él y nos dijeron que lo habían fusilado.”

En la posguerra, la familia de mi abuelo vivió bien. Recuperaron su casa del campo y recuperaron a los labradores que no habían muerto, junto con sus familias.

En la posguerra la familia de mi abuelo jamás denunció a nadie.

Sin título

Una foto de mi abuelo con la tía María.

Pablo González Sánchez – 1º de Bachillerato (2014-2015)

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