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“I ricordi di mia nonna”

A mi abuela le gusta tanto hablar que cada vez que la llamo se emociona. No es la primera vez que le pregunto sobre la guerra/posguerra y me gusta mucho como habla con admiración de su padre y la forma en la que cuenta cada detalle de lo que vivió.

Se llama Silvia Poli. Se crió en un pequeño pueblo, San Bernardino, de Reggio Emilia (provincia de Emilia Romagna), al Norte de Italia. Nació en el 1940 con lo que solo se acuerda de lo que más le impactó como niña y de lo que le contaron más tarde sus padres. Siempre me recuerda que fueron tiempos difíciles en los que se nacía sabiendo compartir y siendo solidario los unos con los otros.

-Nonna, ¿recuerdas algo que te contasen de esos tiempos? ¿Algún familiar fue a la guerra?

– Mi padre, Lino Poli, estuvo como cocinero en la guerra de África, concretamente en Adua. Por eso, cuando volvió, al haber sobrevivido, llamó a mi hermana pequeña Adua. Estuvo fuera durante seis años y eso hizo que mi hermano Bruno, que nació cuando él estaba de servicio, no le reconociese y le tuviese miedo durante varios años, hasta que asimiló que “ese hombre” era su padre. Sigo con lo que iba a decir, mi padre estaba en cocinas y para evitar luchar en el frente tuvo que esconderse tres días en la sala del carbón. Consiguió sobrevivir respirando a través de un pequeño agujero. Me contó que en esa batalla no regresó ni un italiano y yo me sigo alegrando de que se hubiese escondiese.

– ¿ Recuerdas alguna experiencia traumática?

– Te voy a contar lo que vi con mis propios ojos y de esto me acordaré siempre -le cambia el tono de la voz al contarme esto- Nuestra zona, la “Pianura Padana” , era famosa por la lucha de “i partigiani”, gente, la mayoría joven, que formaban la resistencia contra los fascistas y los alemanes. Yo estaba en casa con mis hermanos y desde la ventana, a unos 50 metros, vimos como los fascistas bajaban a tres jóvenes de un coche. También les oíamos llorar pidiendo ayuda. Les colocaron frente a dos chopos gigantescos y les fusilaron, dejando ahí los cuerpos. Como niños teníamos curiosidad por ir a verlo y le pedimos a mi padre que nos dejase ir. Él ,muy serio y con voz firme ,nos dijo que no y que no saliésemos de casa en todo el día.

Me cuenta mucho más, con orgullo, sobre todas las familias que lucharon juntas contra los fascistas. Esto me hace pensar en la cantidad de niños que habrán presenciado horrores como este o peores durante la guerra, y la cantidad de niños que, por desgracia, hoy en día siguen presenciando tales atrocidades.

Prosigo con la siguiente pregunta, interesada en saber que responde ya que nunca le había preguntado algo así:

– Nonna ¿viviste o te contaron algún caso en el que alguna persona desde uno de los dos bandos en el conflicto ayudase a alguien del bando contrario que se encontraba en peligro, en apuros?

– No es exactamente entre dos bandos pero es algo que viví y que mis padres también me contaron. En una llanura al lado de mi pueblo cayó el helicóptero de un americano. Yo no le vi pero oí el impacto. Mi madre nos cogió a mis hermanos y a mí y trató de escondernos. Mi padre con los demás vecinos decidieron ayudar al piloto escondiéndolo en la casa que estaba al lado de la mía y le prestaron ropa de campesino. Poco después, llegaron varios furgones de alemanes que habían sido rápidamente informados de la noticia. Nos hicieron salir a todos los vecinos y nos pusieron frente a un muro apuntándonos con las escopetas. Yo me acuerdo de estar llorando agarrada a la pierna de mi padre y de ver como mi madre lloraba también. A las mujeres y los niños nos mandaron irnos pero a los hombres les retuvieron ahí toda la mañana. Querían hacerles confesar y nadie decía nada( tampoco es que les entendiesen muy bien). Tras varias horas, llegó un militar en moto con la noticia de que el americano y otros más estaban en la estación del pueblo. Esto hizo que los alemanes se fuesen y bombardeasen la estación. Todas las casas de alrededor quedaron destrozadas pero al menos el americano pudo escapar.

Me sigue contando más anécdotas, podría escribir un libro con la de historias que se sabe.

– Por último, reflexionando sobre el pasado, ¿crees que la guerra ha servido a algo?

– La guerra no sirve de nada. Solo trae destrucción, miseria, miedo y dolor. En esos tiempos no teníamos nada y eso hizo que se valorase más cosas tan simples como el tener unos zapatos. Quizás, sirvió para eso, para valorar cada pedazo de pan que te ponían y alegrarte de tener un vestido que te durase tres años.

Tras esto, antes de colgar, me impacta bastante lo último que me dice ” nunca me gustaría volver a esos tiempos”.

Sofia Ferrari

Lino Poli, padre de mi abuela.

Sofía Ferrari – 1º Bachillerato (2015-2106)

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